Acuarela de Alberto Thirion
El Vals del Viento y la Memoria
I. La Huida de Bronce
Cuelga del cielo un brazo de madera,
viejo guardián que se desnuda al frío,
mientras el viento, con su andar bravío,
va deshojando su última quimera.
No hay llanto en la corteza que se acuna,
sólo el susurro de lo que se hereda:
un torbellino de ámbar y de seda
que va buscando el eco de la luna.
Las hojas vuelan, pájaros de bronce,
rompiendo el aire en giros de agonía,
olvidadas del sol y de la guía,
en un reloj que ya no marca el once.
Se van descalzas, libres, suspendidas,
en un adiós que no conoce prisa,
dibujando en el lienzo la sonrisa
de tantas tardes que se van perdidas.
II. El Canto Violeta de la Tierra
Abajo el mundo es un tapiz de calma,
un mar de verde, de amarillo y vida,
donde la tierra se descubre herida
pero sostiene con paciencia el alma.
Brotan violetas como llamas frías,
testigos mudos del sutil azote,
esperando que el aire les dote
de la fragancia de las profecías.
Ellas no temen al tropel del viento,
se mecen suaves en su propio nido,
frente al estanque azul y adormecido
que duerme atrás, borroso y en silencio.
Hay una niebla azul que todo abraza,
un horizonte sordo que diluye
el tiempo eterno que en el agua fluye
y la tormenta sutil que nos atenaza.
III. El Equilibrio de la Tormenta
¿Qué es este lienzo sino el fiel reflejo
de lo que vive, cambia y permanece?
Arriba el vendaval que todo mece,
abajo el prado que nos sirve de espejo.
La rama entrega lo que ya está muerto,
la flor abraza su color primero;
el cuadro entero es un sutil sendero
entre el vacío y el jardín abierto.
Vuela el otoño sobre la marea
de una llanura que despierta en calma,
y en ese choque se nos limpia el alma,
mientras el viento en el azul la crea.
Quédate quieto ante la rama esquiva,
mira la hoja caer, no tengas pena,
que la belleza de esta estampa llena
sigue latiendo, suspendida y viva.


No hay comentarios:
Publicar un comentario