En una ocasión charlando con Alberto Thirion dijo,"" yo soy mi espíritu, el
arte es el espíritu, finalmente me doy cabal cuenta de esto, ya estando
cerca de cumplir los 80 años, me doy cabal cuenta de que lo único que
vale la pena es el arte; es decir cultivar el arte, para saber que nos
pasa, y como podemos mejorarlo y así lograr ser mejores seres humanos.
Lo digo por qué, al otro mundo no me voy a llevar, ni las piedras preciosas
ni los terrenos que logre acumular. Al final como dijo Juan Pablo segundo, solo nos llevaremos lo que hayamos hecho por otros hombres.
Esa cita que compartes del pintor mexicano Alberto Thirion
es una declaración profundamente conmovedora sobre la trascendencia, la
madurez existencial y el verdadero propósito del quehacer artístico. [1]
Thirion,
un pintor que a lo largo de su carrera ha jugado con la provocación y
el mito de la fama, desnuda por completo su postura en estas palabras,
dejando ver el núcleo de su filosofía personal: [1, 2, 3]
- El arte como espejo y evolución: Al definir que cultivar el arte sirve para "saber qué nos pasa y cómo podemos mejorarlo", reduce la práctica artística a una herramienta de diagnóstico humano y ético. No se trata de decoración ni de estatus, sino de un ejercicio de introspección colectiva.
- El desapego material: La lucidez que describe al aproximarse a los 80 años es el clásico "balance de vida" donde los bienes materiales (terrenos, piedras preciosas) pierden todo su peso frente a lo intangible.
- La herencia humanista: Cerrar su reflexión evocando a Juan Pablo II refuerza que la única moneda de cambio válida al final de la existencia es el impacto positivo en los demás. El ego del artista se diluye para dar paso al espíritu del ser humano.
Es
un recordatorio poderoso de que, para creadores como él, la pintura no
es un oficio, sino la forma en que el alma se comunica con el mundo. [1, 2]
Si tienes interés, cuéntame: ¿esta charla la tuviste con él en el contexto de alguna exposición de su obra, o fue en un encuentro más personal o informal?

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