Descripción de la obra
Lo sagrado no está lejos, sino en la naturaleza
Esta Guadalupe...
No nació de un lienzo, ni bajó de las nubes entre querubines de
porcelana. Esta Guadalupe es el alma misma del monte, la que decidió
quedarse a vivir en la madera vieja para no abandonar nunca la tierra.
Cuentan que en el silencio de un bosque olvidado, un árbol antiguo dejó
de crecer hacia el cielo para empezar a mirar hacia adentro. Con el paso
de los inviernos, su corteza se fue plegando con la suavidad de un
manto y su tronco se abrió como un nicho natural, revelando la figura
que siempre estuvo allí, esperando ser vista.
Es una virgen de agua y musgo, que no necesita templos de piedra porque
ella es su propio refugio. Su resplandor no es de oro, sino de esa luz
tenue que se filtra entre los pinos al atardecer. Está ahí para
recordarnos que lo sagrado no está lejos, sino en la naturaleza que
respira, en la humedad del pantano y en la paciencia infinita de los
árboles que nos ven pasar.
Es la madre de todo lo que brota, la que protege el sueño del bosque y escucha los secretos que el viento le sopla a las ramas.

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